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jueves, octubre 15, 2009




CONACULTA
Guanajuato, Gto.- La noche del miércoles dio inició la máxima fiesta cultural de México. Fue inaugurada la edición XXXVII del Festival Internacional Cervantino (FIC) con un magistral concierto en el Teatro Juárez a cargo de la Orquesta Sinfónica de Montreal.
La primera noche cervantina tenía que ser especial y lo fue. La orquesta ofreció un espléndido programa para celebrar los 400 años de invención del telescopio, bajo la batuta del director huésped Jean-François Rivest.
Durante casi dos horas, el Teatro Juárez se transformó en un foro musicalmente cósmico, ya que se tocaron piezas compuestas por autores que se inspiraron en el espacio exterior, tales como Orion, de Claude Vivier y Los planetas, de Gustav Holst.
Una de las grandes interpretaciones fue la propuesta musical de Holst que, a decir del director huésped, es una visualización de la personalidad de los dioses griegos. El compositor transmite, a través de esta pieza, su visión de esa unión entre el cosmos y el ser humano.
Así, el autor les dio a las entidades estelares una personalidad e identidad sonoras: Marte, el portador de la guerra; Venus, el portador de la paz; Mercurio, el mensajero alado; Júpiter, el portador de la alegría; Saturno, el portador de la vejez; Urano, el mago; Neptuno, el místico.
La interpretación fue de gran fuerza sonora, así como de una sutileza que tocó la sensibilidad de los espectadores, y en ella fue decisivo el nivel técnico de su director huésped y de los integrantes de la orquesta. Para enriquecer esta melodía se contó con la participación del Coro Femenino de la Orquesta Sinfónica del Estado de México.
Otra de las piezas más ovacionadas fue la de Vivier: Orion, una obra cuyos motivos están asociados a cada estrella de la constelación a la que alude, por lo que obliga a los músicos de la sinfónica a tocarla con gran precisión.
La orquesta canadiense demostró porqué es una de las mejores del mundo, ya que el programa incluyó piezas que exigen gran precisión y en muy alto nivel técnico en la ejecución. Además, logró que el Teatro Juárez fuera testigo de un diálogo único entre la astronomía y la música.
Mención especial merece la participación del pianista quebequense Marc-André Hamelin, considerado unos de los mejores solistas de Quebec, quien interpretó el Concierto para piano no. 2 en La Mayor de Franz. Si bien no es una obra relacionada con el espacio celeste, sí se trata de una composición con fuertes contrastes sonoros, desde los más apasionados, hasta los más sutiles.
Como era de esperarse, la ovación de los asistentes fue estruendosa al final del concierto. Una cascada de aplausos reconoció el nivel y entrega de los músicos, quienes reflejaron en sus rostros el agradecimiento al público mexicano. La sorpresa que dio la orquesta a los mexicanos fue la interpretación del Danzón no. 2 de Arturo Márquez, que le dio un final majestuoso al festival.
A partir de esta noche, la fiesta cervantina comienza sus actividades programas en distintos foros cerrados y espacios al aire libre de la capital guanajuatense. Serán 19 días en los que más de 2 mil 300 artistas provenientes de 20 naciones de los cinco continentes harán posible este festival, donde este año los invitados especiales son Quebec y Zacatecas.

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