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jueves, abril 24, 2008


Nierika Mutsuke
de
Alvaro Ortiz



El artista huichol Alvaro Ortiz, Powari, expone en el Museo de los Cuatro Pueblos de la ciudad de Tepic una muestra de sus trabajos más recientes agrupados bajo el nombre de Nierika Mutsuke, que podría traducirse como “escurrimiento de gotas de visiones”. Con una larga experiencia tras de sí que lo ha llevado desde el estudio de la música –el piano especialmente- y el canto, hasta la creación poética (es autor de más de 1500 poemas), ha logrado varios premios por sus actividades y ha obtenido el apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nayarit en 2007, precisamente para la elaboración de parte de la obra que nos presenta.
En esta exposición el autor presenta su particular propuesta y concepción sobre el arte huichol a través de una transformación en el diseño, color y materiales de los más tradicionales cuadros de estambre, en un intento de superar el estancamiento en que se encuentra el ámbito de la producción artesanal debido, entre otros factores, a su relativamente fácil copiado y a la sumisión al mercado comercial. Alvaro sustituye el estambre por la chaquira que, hasta hace poco, se había empleado básicamente para el recubrimiento de máscaras, de objetos de madera que representan animales de la fauna mítica y cotidiana del mundo wixarika o huichol y, por supuesto, para la confección de collares, pulseras, llaveros y colgantes buscando responder cada vez más a la demanda de los compradores turísticos amantes de “souvenirs” o recuerdos que a la creatividad artística.
La cucanierikayari, “técnica del trabajo con chaquira”, que Powari desarrolla sobre superficies planas le ha llevado a experimentar no sólo con madera sino también con metal, plástico, barro y vitropiso (de este material presenta una composición de cuatro piezas que se ensamblan formando un llamativo tzikurinuiwari que expresa el nacimiento de la visión) para conocer el comportamiento de la cera, sus distintos niveles de adherencia y las posibilidades expresivas. Es una técnica más complicada que el uso del estambre, que implica un mayor dedicación por la lenta y delicada colocación de las pequeñas bolitas sobre la cera de Campeche usada como adherente, pero que ofrece nuevas posibilidades de color, textura y de formas expresivas de los elementos y personas representados.
Ligada a la oralidad de los mitos que en las ceremonias rituales narran los mara.akate (cantadores, curanderos, guías o chamanes según el contexto), la obra que se nos ofrece en esta exposición está compuesta por varios cuadros de gran tamaño y otros más reducidos. Los primeros muestran aspectos de algunos de los temas más tradicionales y comunes que fundamentan la cosmovisión de los wixaritari y de los eventos que deben de celebrar para cumplir con su compromiso frente a la naturaleza y los alimentos y animales que de ella obtienen en un incesante intercambio que implica siempre la noción de sacrificio como ofrenda de agradecimiento y comunión. Así, Yuimakwirra es una delicada y luminosa composición que expresa la concepción de la vida como un peregrinaje por medio de la expresión de la fiesta de los primeros frutos, Tatei nexa, en la que además de agradecer la cosecha obtenida tras la temporada de lluvia (que viene a significar la noche cósmica), se enseña a los niños a convertirse en adultos y a prepararse para el viaje al desierto en busca del híkuri o peyote dador del conocimiento y la luz. En Nuiwari el artista nos presenta la visión huichol del nacimiento humano como un desarrollo paralelo al crecimiento del maíz: al igual que se seleccionan las semillas, también uno selecciona a su pareja y al igual que la planta va creciendo, igual crece la nueva vida y cuando, por ejemplo, aquella extiende sus hojas el niño extiende sus brazos que en el fondo son representados por las alas de werika. Tzikurihepa se refiere al lugar donde nace la visión de los ancestros, idea o concepción que expresa los límites del espacio sagrado huichol y sus cinco direcciones: el centro, como fuente de donde todo brota, materializado en teakata, el lugar donde nació el fuego; el oriente o lugar del conocimiento que ofrece el híkuri alla en wirikuta, físicamente el desierto de San Luís Potosí; el poniente o haramara, el mar de donde vienen los antepasados y que se encuentra en la piedra blanca de San Blas; el norte en donde de alguna manera se halla escrita la historia del pueblo actual wixarika, surgido del último diluvio y que en términos terráqueos se haya en Durango, en el Cerro Gordo donde encalló la canoa de Nakawé, progenitora de los huicholes contemporáneos; y el sur, lugar del agua que corre, esencia de la naturaleza y símbolo de la vida que se encuentra en Xapavillemetá, cerca de la laguna de Chapala en términos físicos.
La segunda serie de cuadros componen un conjunto que el propio autor define como de “estudios” o “juegos” en los que explora variaciones sobre el color y la forma siempre a partir de motivos que tienen que ver con la cultura huichol, en especial con la flor, representación múltiple del peyote, y el agua como en Atzinari, atrapado en el agua o “guardián del agua”.
El colorido de las composiciones resaltado por la presencia brillante de la chaquira atrae hipnóticamente la mirada del espectador por medio de un trabajo que su autor reconoce que no es resultado de una iluminación espontánea o del efecto de la ingestión de la sagrada planta como alguno pudiera pensar, sino fruto de una larga búsqueda interior, de la reflexión y el diálogo permanentes con uno mismo y sus formas de expresión, que no evita las partes oscuras, y que se manifiesta como obra de arte sólo cuando el tiempo es llegado. Un arte unido a la palabra que explica los contextos de signos e imágenes para dejar de ser sólo expresiones estéticas y convertirse en fragmentos incesantes de los mitos que animan la memoria y la resistencia cultural del pueblo wixarika.
Una apuesta artística que pretende superar el marco artesanal y el espacio local, para encontrar una lenguaje específico con el que hablar también de otras culturas como Roma, Egipto, mayas, aztecas… y de sus particulares visiones cosmógonicas y rituales. Tal es el deseo y el camino que quiere seguir este original, innovador y ya reconocido artista huichol que ha traspasado los linderos de la comunidad pero que lleva en su alma su huella más tradicional y nos hace reflexionar sobre los nuevos caminos que se abren al arte indígena en estos tiempos de ineludible globalización.


Eugeni Porras
Centro INAH-Nayarit
Abril 2008
eugenipc@hotmail.com

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