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jueves, septiembre 25, 2008

Sin cambiar de vía

Emma García Figueroa
figueroa131@hotmail.com

Sin cambiar de vía seguimos nuestra conversación con el ferrocarrilero de corazón Oscar Hernández Muñoz: “Contrariamente a lo que se cree, toda la noche hay movimiento en los patios de maniobras, porque están saliendo trenes. Llegan envíos, se mandan granos, plantas, refresco, animales (sin aludir a nadie).”
Para subir y bajar las cosas ocupábamos carretas, teníamos que cargar y descargar los vagones en unos 30 minutos para que el tren de pasajeros pudiera seguir su marcha.
En el tren carguero 51 venia de Guadalajara, salía a las 9 de la noche, aquí llega como a las 3.35 de la madrugada. Lo formábamos para que saliera a Mazatlán a las 6 de la mañana. La primera parada era la de Mora, donde le colocábamos una válvula que conocíamos como retenciones; servía de freno, ayudaba en la bajada. De ahí a Roseta es pura bajada, incluso se tenían que poner varias máquinas. Es el tramo más peligroso de todo el Estado, había muchos accidentes, ya les contare otro día del más feo que me toco ver.
El trabajo que generan los trenes es mucho, por eso hay tres turnos: el primero de 7 de la mañana a las 4 de la tarde; el segundo de 4 de la tarde a 12 de la noche y por último el de 12 de la noche a 6 de la mañana. Los trabajadores del tercer turno son los encargados de poner los petardos en las vías el día del ferrocarrilero (7 de Noviembre), como a las 3 o 4 de la mañana eso es en todas las estaciones, como Tetitlàn Ahuacatlàn, Ixtlàn del Río…
Independientemente del trabajo, el día del ferrocarrilero nos dábamos nuestro tiempo para entrarle a la pachanga. La pachanga se celebraba en el Club del Ferrocarrilero que esta a un costado de la estación. Ahora ya no es igual, solo se juntan para jugar billar, aunque cuenta con una cancha de football.
Esta fiesta si que era “una verdadera pachanga”, llegaban familias enteras a festejar, ¡Ah!, pero era invariable como terminaba, ya ve que los ferrocarrileros “somos de sangre caliente”, nos peleábamos feo, aunque después en la rutina nos saludamos igual, como que no pasó nada.
Yo casi no iba aunque me gusta bailar Danzones, mis preferidos son Blanca Estela y Nereidas, hacen que recuerde cuando iban y venían los trenes en la estación. Otra pachanga, pero organizada por las chilmoleras o polleras que vendían ahí.
Recuerdo a Doña Tacha que vendía birria, Doña Juanita enchiladas de pollo; Doña Mago, Doña Siria, Estefania, Chepi, Chuy; algunas no me acuerdo que vendían, pero del que si me acuerdo es de Macario el birriero, que vivía por la Victoria entre P. Sánchez y Ures, frente al colegio Patria. Ese madrugaba, se venía gritando desde su casa a la estación con un cajón de madera en la cabeza, vestido de blanco.
Cuando era niño le iba a comprar las tortillas para que me pagara con unos taquitos de birria “d e l i c i o s o s” Macario ya murió, pero su hija vende ahí enseguida de la estación en un puesto ¿ya saben cual?
No vayan a creer que cualquiera podía vender ahí, claro que no. La chilmoleras tenía su sindicato, pagaban sus cuotas al municipio, los del ferrocarril las dejaban estar ahí y no les cobraba nada.
Les decíamos chilmoleras por los gritos que daban anunciando sus productos, con sus canastos en la mano se subían al tren, otras tendían puesto fijo y esperaban que bajaran los pasajeros a compararles.
.....................................................................................continuara

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